lunes, 4 de mayo de 2009

Trujillo en Santiago con un perico ripiao
por Carlos Dipré

Santiago no es solo una ciudad bella y acogedora. Es también una comunidad que entiende que el trabajo es la mejor sustentación en la auto-determinación de los pueblos. Con esa fue la piedra con que chocó el delirio de grandeza de Trujillo.

En mi paso por la orquesta Santa Cecilia, no solo tuve el privilegio de estar en grandes salas de espectáculos, como el Madison Square Garden, en New Cork, sino que también pude compartir con grandes artistas y con personalidades de la empresa, como Don Popy Bermúdez, a quien tuve el honor de conocer por haber sido yo parte de una comisión presidida por Don Goyo Rivas, director de la orquesta, Rafael Colón, y Pipi Franco, para recibir de la Casa Bermúdez un gran obsequio. Por esto debo darle las gracias a Don Popy y su familia, en nombre además, de mis maestros, los cuales partieron a una mejor vida.

Además, en mis diez años en esa gran agrupación tuve el deleite de que entre descanso y descanso de la orquesta, escuchaba los cuentos de Trujillo. Y uno de los cuentos que más risa me dio, fue uno que relata la entrada del Jefe con un perico ripiao a una fiesta de mucha solemnidad en Santiago, amenizada por la orquesta Lira del Jaque. Sucede que las relaciones de Trujillo con las clases pudientes de Santiago no fueron de caramelo. Porque Trujillo era, como los cantantes de combo de hoy, en la fiesta: el centro de atención.

Cuando usted llega a un lugar y no le hacen mucha galantería, y además, la concurrencia hace un silencio de 10 segundos, márchese. Y eso le pasó al Jefe muchas veces en Santiago. Y un día Trujillo dijo: “tú veras”, pero sin “s” y con un San Antonio. El que más le gustaba “coño”.

La orquesta Santa Cecilia (nombre que se le puso después de la muerte de Trujillo), se llamó antes Orquesta Generalísimo Trujillo. Y antes, en Santiago, muchos antes, se llamaba Lira del Yaque. Fue una orquesta de música exótica, que claro, no era merengue, sino danza, música española, como Paso Doble, Danzonete y una fusión de Danza con Bolero. Y otros ritmos. Era lo que se bailaba en los clubes exclusivos de las clases del glamour.

Imagínese, si el Centro de Recreo de Santiago no tocaban merengue; si un grupo de Perico pasaba cerca, hasta preso caía. Los músicos de la Lira del Yaque tenían que entrar por un callejón que daba a una segunda planta. Los músicos no podían compartir con los invitados. Tenían un mozo y un baño en la segunda planta. Solo bajaban para irse por el callejón de nuevo, cuando terminaban.

Y fíjese ahora que ironía. Trujillo a los feos los apreciaba de espalda. El no podía verlos. Vea todas las fotos de él, con quien estaba, a quién le hacía gracia, etc.

Un día enfermó Rafael Colón y buscaron a Bienvenido Caro, un cantante muy bueno, pero de piel oscura y de pocas virtudes físicas. Cuando Trujillo lo vio, llamó al director y le dijo: ¿ y ese hombre?
Tuvieron que despacharlo de inmediato porque a los ojos de Trujillo, Caro “picaba de feo”.

Ahora mire lo grande: una noche el Jefe decidió irrumpir en el Centro de Recreo de Santiago, borracho y con un Perico Ripiao, a un baile de Señoritas Debutantes. En ese club ese era un baile muy serio. Le dijo a sus espalderos: “busquen un Perico Ripiao, pero que los músicos sean bien feos; tráiganlos como estén vestidos”. Cuando sus espalderos llegaron con Toño Abreu y su conjunto típico, Trujillo le dijo: “Coño, se pasaron...pero vamos”. (Toño Abreu tenía nariz muy grande. Muchos años despues vivió, hasta su muerte en San Cristóbal).

Los músicos estaban preparados. Tocaban desde el parque frente al club, como si fuera un aguinaldo, con Trujillo delante de ellos, y los músicos en cuerda creyendo que no solo era el debut de las señoritas en el club, sino, que también era el debut de un Perico Ripiao en el Centro de Recreo.

Imagínese, no hay algo más sabroso que un músico en trago dao y en parranda con su jefe. Los músicos tocaban y disfrutaban. Los músicos de Toño Abreu, sabían que Trujillo estaba en cuerda y echando una vaina, atento a Jefe. Y ellos que también habían sido menospreciados, aprovecharon la noche para cobrar su deuda.

En ese lugar, el Centro de Recreo, nunca había sonado un merengue y mucho menos eipiao, ni había entrado un músico por el frente del club, y los músicos borrachos. Algunos de los invitados se fueron; otros disimularon y se quedaron, porque las esposas, temiendo lo peor, le suplicaron que se quedaran. Pero los sabrosos, los que siempre están ahí, “en donde pica el peje”, estaban en su agua, bailando perico ripiao, que nunca se había bailado en ese lugar y dándole menta, boca a boca, al Jefe.

Angel Sanchez

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